viernes, 22 de octubre de 2010

Poema 3: Luciérnagas Azules

Cuanto duele recordar aquellas historias triste de un paso sin inicio y con regresos al final. y recordar todo, todo lo que hacíamos, y tal vez eras la mejor, tu mejor, yo mejor, mejor digamos que no.
Aquellas luces amarillas sobre dos cuerpos desnudos, aquella paciencia perdida, aquel olor a humo y a licor, aquel aroma a cerezas con sabor a hiel.

 Y tú y yo y nuestro ojos, ojos que observaban atentamente ese espacio perdido en dimensiones opuestas, tu para mí y yo para ti, tu para ti y yo para mí.

Evoco aquellos momentos tan fortuitos, tan causales, tan llenos de una intensidad que refleja ahora la nada.
Nada soy sin tu cariño nada soy, como aquel verso sonante de canciones melancólicas que resuena en espacios donde ya no existe lugar para dos, o entras tu o entro yo, pero ya jamás profesaremos liturgias en honor a nuestro amor, a nuestra toda esa devoción, a todos esos espacios, que se han perdido y se han quedo en nuestro tiempo, tu tiempo, mi tiempo, aquel tiempo, el tiempo de alguien que ya no somos ni tu ni yo.

Y  al despertar de este sueño milenario  tus luciérnagas azules, me contemplan mientras yo solo digo en mi silencio, dime tu si  hoy  amaneció para los dos.

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