Me encerraron una vida que yo no
elegí, un día abrí los ojos en un mundo completamente extraño, el cielo cambia
de color dos veces al día, había que usar vestidos para cubrirse de los oscuros
deseos de sus habitantes, todos andaban preocupados por el tiempo, las cosas no
eran iguales.
Al igual que yo, llegaron a este
mundo otros tres de los míos, con el mismo asombro, curiosidad y melancolía que
se iba sintiendo a medida que comenzábamos a pisar ese extraño suelo.
A pesar que aun éramos muy jóvenes,
todo nos parecía absolutamente arcaico, las luces no eran luces, los autos aun
andaban sobre ruedas, las estaciones eran aun obra de la naturaleza y las
personas no conocían muchos secretos que para nosotros eran básicos a la edad
de 3 años.
Me toco ser el líder de la misión,
de la cual – pequeño detalle – no sabía nada, lo único claro era que como
primer paso debíamos encontrar a nuestros huéspedes. Los cuerpos en los que habíamos
sido depositados cuando llegamos a este planeta eran recipientes temporales y
solo contábamos con dos días antes que
se contaminen y destruyan. Para nuestra mala suerte si no lográbamos transportarnos
algún huésped durante ese tiempo, nuestra esencia al igual que el recipiente
temporal desaparecería.
(Continuara…)