Autor: EL Loco
CAPITULO I
Momentos
Y se topo con su soledad, y aprendió llorando que la vida es un pañuelo de lagrimas.
Y aprendió a tomar su primera decisión.
Eran las tres de la tarde de un día lluvioso y Daniel regresa a su casa luego de una larga semana de exámenes. Trataba de no pensar en nada, de hacer lo mismo de siempre cuando se sentía invadido por eso apresantes sentimientos, trataba tararear canciones, de imaginarse cosas que en algún momento intentaría hacer, trataba de pensar en las salidas del fin de semana, trata de escaparse de esa sensación que comenzaba crecer en su interior; sin embargo, a diferencia de las tantas otras veces, ese día no pudo escapar de su soledad.
Caminaba como perdido en el tiempo, cayendo en sus oscuros pensamientos. Trato de acelerar la marcha para poder refugiarse en ese único espacio donde sentía libertad, aquel pequeño refugio que le permitía descansar, aquella habitación de tres por dos que había acondicionado para él, para su libertad, para encontrarse con su propio yo.
Abrió la puerta de su casa y trato de pasar lo más rápido posible para no ser visto, las lágrimas le recorrían las mejillas, y trataba de contener los sollozos que cada vez crecían al ritmo de su depresión, de su soledad, de sus malos recuerdos.
- Daniel, hijo estaba esperándote, que tal te fue con tu último examen
Daniel, había sido abordado por su mamá justo antes de subir por las escaleras, oculto su rostro dentro se capucha, disimulo la voz y sutilmente seco sus lagrimas, no quería que su madre lo vea así.
- Hola, mamá como estas, bueno sí como siempre todo estuvo muy bien, en un par de semanas nos darán los resultados, y bueno eso es todo.
- Ahora quisiera ir a mi miratorio, a leer algo, permiso mamá.
Daniel se volteo, y quiso desaparecer lo más pronto posible, ya no podía aguantar más fingir que todo estaba bien, necesitaba estallar en su lugar, en aquel espacio creado para poder llorar.
Ya estaba a punto de escapar de esa situación, cuando su madre lo tomo del brazo, cuando se disponía a partir, y lo jalo asía ella, le tomo el rostro con las manos y pudo observar como rodaban dos lagrimas de los ojos de su hijo.
- Hijo, que te sucede, dime porque estas llorando, que paso, fue por el examen, o te sucedió algo, dime por favor.
- No pasa nada madre, es gripe, ya sabes que en el invierno siempre sufro con esas alergias y gripes improvistas, todo está bien, no es nada, no es nada.
- No Daniel, a ti te pasa algo dime que tienes, que sucede, porque últimamente andas tan fuera de ti, como si te hubieras resignado a que la vida pase por ti sin algún deseo de disfrutarla. Daniel soy tu madre, se que te sucede algo; hijo no te lo había dicho antes porque pensé que tal vez se trataba de la presión académica por la que pasabas, por las expectativas que tiene tu padre en ti, y todo ese rollo de no querer defraudar a nadie, pero hijo sabes, yo prefiero cambiar todas esas grandes proezas tuyas por verte sonreír, hace mucho que no te veo sonreír.
- Madre no tengo nada, solo quiero ir a pensar.
Y con la última palabra que estallo en aquel espacio, Daniel se hecho a llorar, no pudo contener mas su frustración, su todo ese dolor le arrancaba día a día pedazos alma, en aquella ocasión no pudo contenerse más, abrazo a su madre y solo hecho a llorar, hecho a llorar como hace mucho no lloraba.
La madre de Daniel, abrazo fuerte a su hijo sin entender el motivo de su tristeza, pero como siempre comprendió que en ese momento lo único que tal vez podía hacer por él era abrazarlo, abrazarlo muy fuerte y lo hizo así, y dos cristales de agua brotaron de su ojos, y guardo aquel momento en su corazón.
Se escucharon pasos y la puerta sonó, Daniel se apresuro a limpiarse el rostro, sabía que esas pisadas no podían ser de nadie más que de su padre, trato de acomodar su semblante y miro a su madre como pidiéndole por favor que no mencionará nada.
- Hola Luna, hola hijo como le fue hoy.
- Hola, amor como estas, bueno bien todo bien, Daniel también acaba de llegar de su examen, y bueno estaba preguntándole como le había ido hoy.
La voz de Luna, por más que quiso disimular, se escuchaba trémula, entrecortada, como si un nudo en la garganta le dificultara hablar.
Gabriel, miro a su mujer y a su hijo, y pudo percibir que algo había sucedido en esa habitación.
- Que sucede, porque están así los dos, ha pasado algo, has hecho algo para fastidiar a tu madre, Daniel, por qué tu madre esta con ese rostro, que ha pasado.
- Daniel respóndeme, seguro que has dado un mal examen, o ya sé como siempre vienes a molestar a tu madre con replicas absurdas sobre tus sueños en la vida, y tus deseos estúpidos
- Tu viviendo tu vida sin preocupaciones y sin valorar el esfuerzo que hacemos por ti, y encima vienes a hacer sentir mal a tu madre, por favor ya eres un adulto y debes comportarte como tal, madura y si tienes problemas soluciónalos tu mismo, comienza a ser responsable de tus actos.
Daniel, se quedo perplejo ante la reacción de su padre, pero como siempre eso era de esperarse, primero a juzgar y luego a preguntar. Él siempre estudiaba, trataba de ser el mejor, de darles alegrías a sus padres, siempre había sido así y a pesar de eso su padre lo reprochaba por cosas que no eran ciertas, él ni siquiera quiso que su madre se diera cuenta de lo que sentía.
Pero ese día ya todo estallo, se dirigió a la puerta miro a su madre, volaron dos lagrimas que cayeron al suelo mientras Daniel abría la puerta y escapaba de todo, corriendo a quien sabe dónde, solo con ganas de escapar de ese lugar.